Nos rendimos los dos a fingir como tontos,
que yo era su marido y que ella era mi mujer
Fuimos de crudo, a cocido, a soplete. No hubo reloj que nos diera un segundo para contar nuestras almas candentes, para encontrarle la vuelta a este mundo; lleno de espíritu chanta pudimos siempre salirnos con nuestro genio: que es preservar todo aquello que fuimos (que somos) para burlar las perfidias del tiempo. Y hoy, hoy gambeteamos las obligaciones que buscan darnos fuerte en los talones, porque