Fuimos de crudo, a cocido, a soplete. No hubo reloj que nos diera un segundo para contar nuestras almas candentes, para encontrarle la vuelta a este mundo; lleno de espíritu chanta pudimos siempre salirnos con nuestro genio: que es preservar todo aquello que fuimos (que somos) para burlar las perfidias del tiempo. Y hoy, hoy gambeteamos las obligaciones que buscan darnos fuerte en los talones, porque
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