Una ráfaga de balas seductoras
no lograban vulnerar una coraza idiota
Y con mi seguridad ya en la miseria,
fuimos por un café, juntos, los 3:
. Vos, yo y tu histeria.
Sin mucho más que hablar, nos despedimos.
comprobé que ya era inútil extender ese partido.
Colgué los timbos y bajé la persiana...
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